Mostrando entradas con la etiqueta Intentos de otra cosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Intentos de otra cosa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de enero de 2011

Anatomía de Gray

Recuerdo: Imagen que se tiene en la memoria de un momento del pasado.
Memoria: La capacidad mental que posibilita a un sujeto registrar, conservar y evocar las experiencias (ideas, imágenes, acontecimientos, sentimientos, etc.). El Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española la define como: «Potencia del alma, por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado». En serio.
.
.
Hay ciertas cosas que me gustaría olvidar. Pero algunos momentos caminaron con pies ardientes sobre mi cerebro y sus huellas pronto mudaron a cicatrices.
Rastros caprichosos de otro tiempo- ¿cómo iban a no serlo, si provienen de ti?-, manchas rebeldes y resecas sobre la alfombra descolorida que voy dejando atrás.
.
.
Los psicólogos y neurocientíficos están generalmente de acuerdo en que el hipocampo tiene un papel importante en la formación de nuevos recuerdos de los acontecimientos experimentados, tanto episódicos como autobiográficos.
No pretendo ponerme científico, así que hagamos como que el hipocampo es la parte del cerebro que se ocupa de la memoria.
.
.
Cierro los ojos y, a veces, veo- ¿captáis la paradoja?- un fogonazo de un balcón al cual no quiero volver. Procede de una región del globo en la que fui profundamente infeliz y donde algún día, estoy convencido, deberé volver para morir. Nada bueno me aguarda allí, es un lugar maldito. Y me persigue cuando todo está oscuro.
Ese balcón da a un muro cubierto de maleza. Abajo, un patio descuidado está esparcido todo de hojas secas y algo de basura.
Ese balcón pertenece a un cuarto. Un cuarto lleno de dolor en el que se encuentra un tipo que fue yo hace mucho tiempo. O yo fui él, llegados a este punto me confundo. Por fuera se parece a mí, y por dentro. Pero no me reconozco en él. Se parece, y sin embargo... Es otro. Aunque nadie lo diría. Es para mí un extraño.
.
.
El hipocampo está situado en la parte interior del cerebro, rodeado de otras áreas vitales del mismo. Está, como dicta el cruel sentido del humor de Dios, bien protegido. Para destruir los recuerdos antes hay que destruirse a uno mismo. No es posible hundirse un taladro en el cráneo y destruir la memoria sin antes perforar, por ejemplo, el área sensorial del lenguaje y el lóbulo temporal (que se encarga de llevar a cabo labores visuales complejas, como el reconocimiento de rostros). Y tú, ¿qué estarías dispuesto a sacrificar por olvidar?
.
.
Ese doble de la habitación, ese mellizo que fuma tanto que tiene los dedos amarillos, es una versión de mí que murió en alguna esquina del pasado. Un aborto de lo que pudo ser y no. Ya no me parezco en nada a él y me asusta porque, entonces, ¿quién es el real? ¿Ese perdedor, o la sombra que habita en mí ahora y que escribe esto? ¿Soy alguien en cualquier caso, si cada poco tiempo me convierto en un desconocido para mí mismo? ¿Qué clase de farsante soy? ¿Hay alguien que, como yo, sienta que ha dejado pedazos de sí abandonados en muchos lugares desagradables?
.
.
Si cualquiera de los tipos que fui conociera al tipo que soy ahora, no se gustarían. Me he fallado a mí mismo.
.
.
Junto a él, al otro lado de la mesa sobre la que reposa un cenicero que desborda colillas y cadáveres, hay una mujer. Esa mujer eres la tú de aquel momento. Y también es una extraña para mí, pero también lo eres tú ahora. Siento que no os conozco a ninguna de las dos, que nunca os conocí. Sin embargo, hace tan poco tiempo que sólo parece que fuera en otra vida, compartimos algo. Tuvimos nuestra propia intimidad, nuestros códigos. Eso lo sé, es una certeza, pero no lo siento así. A diferencia de la habitación, el muro y el patio, eso no puedo recordarlo; no recuerdo lo que era quererte aunque sospeche que lo hice. No puedo escarbar tanto.
Los cuentos que aprendes de niño no te preparan para esta clase de historias.
.
.
La capacidad de raciocinio, así como nuestros pulgares prensiles, es lo que nos diferencia del resto de animales. La combinación de éstos permitió que el ser humano desarrollara la capacidad de crear y manipular herramientas que le dotaron de la facultad de interactuar con el entorno y modificarlo de acuerdo a sus intereses. Esta es la base de nuestro progreso como especie.
.
.
Aquel momento está tan desconectado del presente que podríamos pensar que nunca ocurrió, que fue quizá parte de un sueño que a la mañana siguiente acabó confundiéndose con la realidad.
No parece coherente. Que sufrieras por mí, que imploraras una oportunidad, rogando que volviera. Y que ahora no me escribas para felicitarme en mi cumpleaños. Hubo una época en la que no te atrevías a acercarte por aquí temiendo verme y sentir que te saltabas un latido, que te dolía entre los ojos. No querías comprobar cómo cambiaba el mismo paisaje solamente por el hecho de que ya no quisiera tenerte cerca. Descubrir la total falta de encanto de estos edificios, antes camuflada por lo feliz que eras conmigo.
Es curioso, ¿no te parece? Cómo nos traicionamos a nosotros mismos, digo. El hecho de que te extrañe que antes vistieras así, te gustara aquella música, me encontraras atractivo.
.
.
Las células de la memoria son las más complicadas de eliminar. Nos definen como personas. Es físicamente imposible beber hasta olvidar.
.
.
Actualmente no tengo contacto con ninguna mujer con la que haya mantenido una relación amorosa. Cuando nos encontramos después de mucho tiempo me es complicado aceptar que las amé, me resultan ajenas. Es gente con la que no tengo nada en común. Intuyo que a ellas les sucede algo parecido. Todas me decepcionaron para después desaparecer de mi vida. Me abandonaron.
Yo tampoco tengo ya nada en común conmigo mismo.
He estado enamorado pero nunca he hecho el amor. Eso es algo en lo que también intento no pensar, pero fracaso.
.
.
Mi antiguo yo quiere regresar al futuro. Pobre; no sabe que no queda nada para él allí. Que el futuro es un tiempo insustancial y disociado en el que tú ya no lloras por mí.
.
.
Esto es una reflexión sobre lo lejos que está todo aquello que ya ha ocurrido, y poco a poco ha ido derivando en nada. Lamento haberos hecho perder el tiempo, prevenid a los demás. Decidles que no sacarán nada en claro de esto. Se me ha escapado de las manos.
.
.
Recuerdo: Maldición disfuncional del pasado, unida ineludiblemente a la memoria.
Memoria: Colección de fantasmas.

martes, 11 de enero de 2011

Noviembre

Atención a estos señores, por llamarles de algún modo.
Amigos y, sin embargo, buenos músicos. Merece la pena escucharlos en directo, buscar sus canciones en Youtube y seguirles en su blog: noviembrerocksuave.blogspot.com porque tienen cositas muy muy interesantes.
No lo hacen nada mal, no señor.

Inocencia Interrumpida

Me gustas, le dije. Me gustas mucho, y se le iluminó la cara.
¿De verdad?, me preguntó. ¿De verdad te gusto? Porque tú me gustas a mí.
Pero la verdad, continuó ella, es que yo pensaba que no te gustaba. Por cómo te comportabas conmigo pensaba que te gustaba otra, no yo.
No, no, me gustas tú. A ver, quise aclarar, me gustan todas; pero tú me gustas un poco más.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Desalia: Vive ahora

El fin del mundo me pilló con corbata y cara de bobo. A punto de salir por la puerta.
Como Apocalipsis fue algo atípico.
No llovió fuego, no se dieron la vuelta las montañas. No se retorcieron los mares como caracolas para luego inundar los campos de trigo. No oí chillar a nadie el tiempo que duró, nadie se dijo “te quiero” a modo de despedida.
Cuando llegó yo tenía mis planes divididos en dos grupos: los que estaban a medias y los que no había comenzado.
El mundo empezó a girar más despacio y los acontecimientos se sucedieron lentamente, muy lentamente. No sé cuánto duró el fin, quizá incluso cumplí años en el proceso. No sé. Lo que ocurrió fue que todo alrededor se fue difuminando desde el lamentable Technicolor a un triste blanco y negro, mientras el tejido de la realidad se fragmentaba y se evaporaba como los bordes de un papel que se queman aplicándoles la llama de un mechero.
Yo no había hecho el amor todavía, no había visitado Nueva York ni había aprendido a ser feliz.
No había montado ningún mueble de Ikea.
¿Dónde volaron las cenizas del oxígeno que ya no respiramos?
Recuerdo sentir la ilusión de un vendaval azotándome en la cara cuando aquello que ocupaba el universo empezó e desaparecer por un confín hasta llegar a la entrada de mi piso. Todo lo que fue destruyéndose me pasó al lado antes de perderse en la Nada. La Gran Muralla China, un Ferrari, edificios donde había vivido, edificios donde me hubiera gustado vivir algún día, de haber seguido existiendo el mundo.
Familias enteras de la mano; papá agarrando la mano de mamá, mamá agarrando la mano de su hija, la niña cogiendo de la mano a su hermano, el pequeño sujetando con su manita un globo.
Recuerdo, también, observar un perro acercándose desde el infinito, haciéndose más y más flaco según seguía la corriente de desaparición, tan escuálido al final que me pareció tan sólo una mera excusa para un par de orejas y un rabo. Recuerdo pensar en todas las desconocidas de las que me había enamorado y a las que nunca me atreví a dirigir la palabra.
El fin del mundo sonaba a cuarteto de viento tocando desde un punto muy lejano. Fue un espectáculo curioso, disfruté de su belleza.
Me sorprendió sin haber tenido un hijo, sin haber escrito un libro, sin haber plantado un árbol.
Sin haber matado a nadie.
No obstante no protesté, aunque nunca tuve la oportunidad de vestir ropa cara como la de las estrellas de Hollywood y el traje que llevaba no estuviera hecho a medida. Me limité a observarlo todo, a un tiempo fascinado y molesto por no tener papel y lápiz para dibujar la existencia implosionando.
Cuando todo acabó, en el fondo me sentí aliviado, despojado de la presión de decidir dónde salir ese viernes por la noche.
El fin del mundo me sorprendió viviendo una vida perfectamente fútil y prescindible, pero con estanterías salpicadas de libros escritos con ingenio y un ordenador repleto de buena música y pornografía de calidad.


Y dime, ¿cómo te sorprendió a ti? Déjame adivinar: con las bragas bajadas, como siempre.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Sueña con su calavera...

La vi poco antes de llegar a la cancela. Jugueteaba con las llaves a punto de abrir la puerta cuando la vi bajarse de su coche. Había aparcado enfrente, cruzando el paso de cebra. Era muy guapa. Rubia, alta, se movía de manera suave y confiada. Llevaba un bolso que también podía ser una mochila. Es decir, parecía una estudiante. Supuse que tendría más o menos mi edad y eso me extrañó. Llevo viviendo toda la vida aquí, cuándo yo llegué todo lo que había más allá de mi casa era un descampado. En todo este tiempo no había visto una chica tan guapa merodeando por aquí y, por alguna razón, me dió la impresión de que debía vivir cerca. Por su actitud, parecía como si llevara a cabo un rutina. Aparcar, bajar del coche, abrir la puerta del copiloto para recoger sus cosas.
Yo entré en mi urbanización, saludé al portero y fui a cerrar la puerta.
"Espera", dijo ella, y se acercó trotando a la puerta con un sonrisa un tanto azorada, por hacerme aguantar la puerta.
Entró conmigo y saludó al portero. Él le devolvió el saludo como si fuera un vecina más.
No puede ser, pensé. No vive aquí, conozco a todo el mundo aquí. Aquí no hay chicas guapas. No tenía idea de que hubiera habido mudanzas y menos de que hubiera llegado a la comunidad una familia con una hija de más o menos mi edad. ¿Sería posible?
Me la quede mirando extrañado y, no supiendo hacer nada mejor, continué mi camino hacia mi portal. Al fondo, a la derecha. Era el más alejado de todos.
Según me acercaba me di cuenta que me seguía. O no, pero que en cualquier caso se dirigía a mi portal.
Esto sí que no puede ser, seguía pensando yo. No puede haberse mudado a mi portal. Lo sabría, eso sí tendría que saberlo. Mi madre me lo hubiera comentado, yo tendría que haber oído algo.
Sin embargo, ¿de qué me quejaba? Llevaba toda la vida esperando algo así, una vecina interesante. Y vaya si lo era. O lo parecía.
Subí al ascensor, ya de mucho mejor humor, y ella subió detrás de mí.
"¿A qué piso vas?", pregunté.
"Al mismo que tú", contestó y sonrió, pícara.
Vaya, pensé. No sé por qué no me gusto aquello. Es otro problema que tengo, supongo que fruto de alguna inseguridad. Tiendo a pensar que una mujer atractiva que se interesa por mí está jugando conmigo de algún modo.
Le di una oportunidad: "¿Estás segura?".
"A- há".
"Muy bien", dije yo, y me encogí de hombros. Ella se lo había buscado.
Metí la llave del garaje en la cerradura y giré. Le sonreí y ella me devolvió la sonrisa. Supongo que esa chica sonreía mucho.
En cuánto empezamos a bajar ella notó que algo iba mal. Primero, porque el ascensor iba bastante rápido. Luego probablemente le alarmó que los cuatro pisos del sótano se sucedieran de manera vertiginosa. Y el golpe, claro. Cuando traspasamos el hormigón armado y el cemento armado y todo el metal armado de los cimientos y seguimos precipitándonos abajo, y abajo y más y más profundo en el interior de la tierra, atravesando conductos de agua, de gas, cables telefónicos.
Empezaba a hacer bastante calor y ella comenzó a gritar, a chillar más bien. Me miraba con la cara desencajada y los ojos envenenados de miedo. Yo me encogí de hombros de nuevo.
Supongo que, al final, no íbamos al mismo piso.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Unos tantos...

En ocasiones, el grado de felicidad de una persona puede estar estrechamente ligado a factores cómo lo cómodo que se esté con el hecho de que no haya ninguna mujer guapa esperando al volante de un coche, con la doble intermitencia puesta, delante de la puerta de su casa.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Forgetting Sarah Marshall

Imagino que estaremos de acuerdo en esto. A veces se hace muy complicado pensar que las cosas van a ir a mejor. Coges un puñado de semanas consecutivas y no puedes ignorar el hecho de que han sido una absoluta pérdida de tiempo. Todas ellas. Pasas un rato intentando salvar algo, encontrar una lección, te desesperas. Piensas "Eh, ¿qué sentido tiene todo esto?". Te desesperas un poco más. Quizá golpees algo, la cama, un seto, quizá aprietes tanto los dientes que te piten los oidos. Puede que quieras pararte en medio del parque y gritar. Todas estas cosas parecen ridículas desde fuera pero quizá a ti te ayuden. Una noche tras otra llegas a casa y tiras las llaves sobre la mesa con desgana, es temprano por la mañana y te apuntas otro fracaso. Parece que ya ni la noche ayuda. Piensas en no volver a salir de casa por un tiempo.
A veces es realmente difícil pensar que puede cambiar pronto, que las cosas pueden empezar a ponerse menos en contra por aquí. Quieres abandonar. Luego, oyes algo en una televisión mientras andas por el pasillo y te ríes. Ves una película y sonríes delante de la pantalla. Desde fuera parece ridículo pero a ti te ayuda. A veces no piensas. Otras sí, y en el fondo sabes que las cosas siempre van a mejor, siempre sabes que te reirás de repente o que te gustará algo que veas o que oigas. Que volverás a ilusionarte. Y un día, con suerte, te das cuenta que todo ha pasado ya. Hasta la próxima, sí, pero también entonces contarás con la promesa de mejores tiempos. Y eso es más o menos todo. Supongo que seguimos de acuerdo hasta aquí.

martes, 25 de noviembre de 2008

Agua

Aquel hombre tenía una nube toda para él solo. Una nube que no dejaba de perseguirle allá adonde fuera, descargando sobre su cabeza siempre la misma melancólica tormenta. Leve, irregular pero contundente, gris, carente de ritmo y melodía. No era de esas tormentas que te conforta escuchar con los ojos cerrados apoyando la frente en la ventana, sintiendo el calor que proporcionan tanto su rumor como el radiador bajo las palmas de las manos. Era más bien una de esas tormentas que invitan de algún modo primario y retorcidamente imprevisible a dejarte ir, renunciar a la coraza y llorar silenciosamente sin ningún motivo, sin ningún fin lágrimas que escuecen. Una de esas tormentas que te hacen sentir terriblemente frío e irremediablemente solo.
Ese hombre soportaba día a día su propia tormenta de tristeza. Incluso cuando llovía ahí fuera, por igual para todo el mundo, no importaba con qué cadencia, su nube se mantenía encima de sus hombros, siempre con la misma lluvia, siempre allí, siempre con él. Siempre. Supongo que llevaba años viviendo bajo la lluvia, porque ya no parecía ni siquiera vestirse para ella. Su abrigo estaba claramente empapado, totalmente penetrado por la lluvia, invadido de humedad y de escalofrios. Su abrigo no estaba pensado inicialmente para ser impermeable ni soportar el aguacero por más tiempo que el que dura una carrera hasta un portal, pero el hombre seguía sin adecuarse al temporal.
Creo que a eso se le llama resignación, cuando se renuncia a cambiar las circunstancias, cuando es insoportable la evidencia de que lo que es es lo que hay y no queda sino aceptarlo. Sus ojos tristes lo confirmaban cada vez que conseguía cruzarme entre ellos y su camino al suelo. Ese hombre ya no buscaba más, no esperaba nada más. Ese hombre vivía bajo una nube siempre cargada de lluvia y él había aprendido a vivir con su tormenta. Eso era todo. Eso era todo, al menos para él.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Lo humano de estas fiestas

El alumbrado de las calles dice
que la Navidad ha muerto.
Lo anuncia temprano,
principios de Noviembre.
Se jactan de su fallecimiento los macarrones
(pequeños tirabuzones de luces).
Ocultan su cadáver sopas de letras
con palabras que adolecen
una lejanía alarmante de las tradiciones.
Diciembre lo decoran corazones y estrellas
tendidas de farola a farola
por encima de los coches.
Por unos días son hermanas
de los letreros de las tiendas
que quieren suplantar la Navidad
con nosequé descuentos, nosequé ofertas.
La Navidad no puede empezar en Noviembre.
La Navidad ya nunca empieza.
Pero... ¿en Noviembre?
Jesucristo nace muerto
cada veinticinco de Diciembre.
Es un feto que no llora, no respira
y a nadie le importa.
No mientras el pavo anglicano cope la mesa,
no si los niños abren sus regalos
con sus ojitos iluminados al pie de la chimenea.
Deslumbrados de codicia.
Las luces llevan ya un mes puestas
a diez del once de dos mil siete.
No me dicen nada.
La Navidad no es de su época.
Su brillo parte el vaho.
Modernismo amnésico sobre las aceras.

martes, 11 de noviembre de 2008

No quiero que nadie me quiera. Prefiero que nadie me quiera.
No hasta que esté preparado para querer. Hasta que esté preparado y sepa
cómo soportarlo.

jueves, 23 de octubre de 2008

Gran Angular

Cuando ELLA es la aventura los detalles son sólo eso; detalles. Cuando ELLA da forma y sentido a todo lo que la rodea no importa el nombre de la calle, ni si hay o no luz en sus esquinas y rincones. Correr por los callejones agarrados de la mano, perseguidos por risas sin motivos es otra forma de decir adios al mundo. Como si no hubiera más después de todo aquello, nada allá afuera, más allá de nuestras pieles.
Cuando ELLA es el fin los dias de la semana son sólo el ritual que nos separa, como si todos los movimientos fueran ahora otros, calculados desde un nuevo sistema. Te miras pensando cómo lo haría ELLA de estar allí observándote.
Cuando te enamoras de ELLA te enamoras también un poco de ti mismo, y de todas las pequeñas cosas.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Exigencias del guión

Es curioso cómo solemos encontrar excusas, al final, para aquello que una vez perseguimos y, ahora parece que ya no es tan atractivo una vez es nuestro, por así decirlo.
"Me llama mucho". "Es de ir a misa"."No me gustan sus piernas". "Su hermana es muy pesada".
"Me ha dicho que me quiere".
Sólo a veces, muy pocas veces, no encontramos una excusa lo suficientemente importante, o quizá es que esa vez puede que sí merzca la pena. Puede que sean la misma cosa.
A veces no sé quién demonios nos creemos, ni qué demonios pensamos que debe ser el ser humano.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Magnicido en grado de tentativa


Alguien ha intentado matar hoy al bigote de un primer ministro de un país de Oriente Medio. Es cierto que en las noticias los periodistas clamaban al cielo por el atentado contra el mandatario en su totalidad, pero no saben que el cuerpo no era el objetivo. Esos dos balazaos que se podían observar tozudamente incrustados en el parabrisas, casi diría que empujando todavía para traspasar el vidrio y llegar a su objetivo, no iban dirigdos contra la cabeza, el pecho o el cuello ni siquiera los brazos del hombre que en alli viajaba. No. El plan era acabar con ese formidable bigote lo que, en mi opinión, es una acción brillante por lo audaz de su planteamiento.

Y es que lo que poca gente sabe es que un cuidado mostacho es mucho más poderoso que la amenaza de todo un arsenal de armas de destrucción masiva. En esas regiones lo poblado del bigote determina en gran medida el grado de poder y respeto al que puede aspirar un hombre. Y la mala uva que es capaz de demostrar. Unos ojos entrecerrados en señal de furia o desaprobación nunca hacen temblar tanto como cuando tiembla el bigote antes sobre el labio fruncido de aquel que intenta asesinarte con la mirada. El bigote puede hacerte parecer más grande, más peligroso, más feroz. Requisitos indispensables para mandar y mantener una disciplina en esa violenta parte del mundo.
Al primer ministro lo habían intentado apartar del poder en numerosas ocasiones, por medio de acciones más o menos convencionales como atentados con bomba, atentados con coches bomba, atentados con furgonetas bomba, carretillas bomba, bombas lanzadas desde tejados, desde diferentes pisos de un edificio. Una vez le pusieron una bomba a su paso sacando una mano por la alcantarilla y otra quisieron introducir una bomba en su kebab. Nada funcionaba.

Viendo que los métodos de siempre no funcionaban con este contumaz dirigente, los opositores al régimen quisieron avanzar un nivel y pasaron al terreno puramente emocional e ideológico. Parecía claro que todo intento de acabar fisicamente con su gobierno era harto complicado y dejaba tras de sí un rastro de cráteres que no llevaban a ningún sitio y creaban grandes atascos en las callejuelas siempre que una burra se atoraba en uno de ellos. El afilador de cuchillos hacía tiempo que había cancelado varias rutas debido a que su bicicleta-taller era incapaz de salvar algunos de esos baches.

Entonces se les ocurrió la feliz idea; acabar con el símbolo. Si hacian parecer al primer ministro un fantoche, un don nadie, alguien casi ridiculo, perdería toda autoridad moral que tuviera sobre el pueblo y, éste, huérfano de pastor y guía, le dejaría de lado olvidando todo el respeto que solía infundar. Es por eso que decidieron acabar con su bigote. Cuanto más lo pienso más extraordinaria me parece la idea. Sin labio superior luciría tan mal, tan desnudo, tan perdido que seguramente se sumiría en una depresión y perdería toda capacidad de gobernar e incluso podría ser devorado por una salvaje apatía y alejarse del poder voluntariamente, retirarse a un lugar oscuro y solitario donde nadie nunca pudiera reconocerle y recordar que esa figura, ahora pálido reflejo de aquel hombre altivo, fue otrora un ferreo cacique. Dejaría el camino libre por motu propio.

Es un plan tan malvado que cuanto más lo pienso, más me fascina su crueldad y la limpieza de sus lineas principales. Y algo así debió pensar el jefe rebelde pues mandó ejecutar al cerebro de la operación para que nunca nadie supiera que tamaña maldad no fue idea suya y evitar que así le temieran menos, al igual que un sultán de la antigüedad mató a los arquitectos y constructores del Taj-Mahal para que nunca nadie volviera a erigir un monumento de igual belleza.
Así también se guardaba de futuros ataques y deslealtades. Mientras tanto, se dejaría crecer el bigote.


*En la imagen, un grupo de airados habitantes del país en cuestión escoltan hasta la frontera a un hombre sin bigote con el objeto de deportarle.

jueves, 24 de julio de 2008

Barrotes de granito


Creo que esta maldita ciudad no me dejará marchar nunca. Es como si todas sus callejuelas llevaran a la misma plaza, sin ninguna salida más allá de los mismos laberintos que me trajeron hasta ella. Es como si fuera mi carcelera, como si esta ciudad supiera todas las cosas terribles que he hecho y tuviera la necesidad, el imperativo moral de hacermelo pagar todos los dias de mi vida; lo que quiera que dure eso. Yo moriré en esta ciudad, no importa cuánto quiera escapar, cuánto necesite huir a otro lugar y sentir el roce de una bella mujer cerca de la playa. Esta ciudad es mi particular purgatorio. Así debe ser y así será.



"Joder, tal vez eso fuera el infierno; pasar el resto de la eternidad viviendo en Brujas"

Ray(Collin Farrell), "Escondidos en Brujas"

lunes, 14 de julio de 2008

Demencia en la carretera

Lo he bajado al máximo, no se puede quitar más volumen. No lo entiendo, ¿cómo puede ser posible? Sigo oyendo su voz, ese timbre femenino configurado por defecto. No sé si algunos los venden con voz de hombre, pero todos los que he oído hablan como si estuviera en todos ellos la misma mujer, ahí dentro, dando órdenes tan metálicamente. Como si fuera siempre ella, persiguiéndome incansablemente, no importa que tape los minúsculos altavoces del maldito terminal. Es lo mismo, es lo mismo, sigue diciéndome esas cosas tan bajito, tan íntimamente.
Me sigue diciendo que me mantenga recto en el carril de la derecha una serie de metros, que no gire, aunque tras cada curva que me dice que no siga halla un precipicio esperándome, con los brazos abiertos de la muerte rodeándolo.
La mujer del GPS quiere que me lance al vacío, me lo susurra sin parar y, la verdad, no sé porqué, pero lo cierto es que quiere matarme. Ese maldito aparato quiere que me estrelle, y no deja de hablar. Ni aunque le quite las pilas y lo guarde en la guantera, aunque lo tire por las ventana. Sigo oyendo su voz, ese timbre femenino configurado por defecto, dentro de mi coche.

El camino del progreso

Al cementerio de Santa Cruz de Mudela llevaba antes un sendero bordeado por altos cipreses, que guiaban a los visitantes al siempre blanco y resplandeciente muro del camposanto. Presentaba siempre un aspecto formidable porque el guarda se afanaba con esmero en que luciera espléndido ese muro a su cuidado y lo limpiaba y repintaba constantemente.
Los fallecidos eran llevados en hombros de sus afligidos allegados hasta su morada final casi en procesión, seguidos de un cortejo ceremonioso y sufrido, que lloraba en silencio o entre gemidos la pérdida de su vecino. Era el último homenaje, la última muestra de afecto y respeto, la gran despedida. Ese camino flanqueado de cipreses vió muchos buenos hombres y mujeres del pueblo partir para no volver, entre siluetas de riguroso negro.
Pero ya no, nunca más. La Autovía del Sur llegó para partir en dos el camino que unía Santa Cruz de Mudela con su bonito y tradicional cementerio, pasándolo por encima con varios carriles en cada sentido y los guardarraíles que tanto temen los motoristas delimitando su invasión.
Aún con todo las autoridades tuvieron a bien construir un túnel que uniera un extremo de la vía con el otro, para evitar que ese cementerio se convirtiera en una isla perdida en un mar despojado de tradiciones. Para que nada evitara la marcha de ese sobrio cortejo fúnebre, aunque la caricia del aire o el castigo de la meláncolica lluvia entre los espigados árboles fuera sustituido ahora por un calor ciertamente sofocante, un leve deje claustrofóbico y el tronante residuo sonoro del paso de los enormes trailers de toneladas de peso y carga gracias a los cuales podemos encontrar siempre repletos los estantes de los supermercados de nuestros barrios y núcleos urbanos.

domingo, 6 de julio de 2008

Cuando el verano llega a California

Cuando el verano llega a California salen los locos a los campos que, desde el aire, parecen mediterráneos. A los bosques que parece que llevamos árbol a árbol, brizna a brizna. Los incendios buscan las decenas de millar y las estrellas se mudan de costa, como esa bandada de pájaros que levanta el vuelo chillando, asustados por el humo. Cuando el verano llega a California, un hombrecillo teñido de carbón y ceniza se afana con una minúscula manguera en proteger de las llamas su mansión de un millón de dólares. Cuando el verano llega a California se evaporan los recuerdos y se pierden los colores de las fotos de bodas, cumpleaños, bautizos y comuniones.

sábado, 5 de julio de 2008

Una noche que acabó demasiado pronto

Imagina ese botón descosido, desgarrado por el pomo de una puerta que quiso interponerse. Imagina ahora que tiras a la lavadora la camisa, a la cual ese botón está unido ya casi simbolicamente, sólo por la necesidad de pertenecer a algo, pero débil en su realmente física manera de seguir siendo parte de ésta. De manera testaruda. En la lavadora luchará contra toda suerte de fuerzas centrífugas que intentarán arrancarla del lugar que en un principio le correspondía, chocándose y girando en el remolino de ropa usada que, segura dentro de un todo, seguirá perteneciendo a un cuerpo indivisible. Imagina la lucha primigenia, puramente instintiva, de ese botón, buscando desesperadamente no dejar de ser una porción de lo que desde un principio aprendió a llamar hogar. Intentando preservar esos pocos jirones de hilo que todavía le unen a lo que ha conocido siempre. Queriendo no romperse aún más y seguir siendo auténtica. De marca. Es realmente alentador y también, por qué no, angustioso.

lunes, 30 de junio de 2008

Algo seguro II

Y lo que es seguro es que siempre habrá alguien viendo solo la televisión. Alguien fregando en silencio los platos que ha ensuciado, él solo, después de cocinar esmeradamente un plato que solo él probará, después de colocarlo todo para que tuviera una apariencia inteligente, apetecible, high cuisine. Sin que nadie más lo aprecie, ni sonría. Y siempre habrá alguien que se acostará solo, musitando en silencio un "buenas noches".

sábado, 28 de junio de 2008

Algo seguro

Y al final del día, lo que es seguro es que caerá el Sol. Como cayó ayer y como, presumiblemente, caerá mañana. Como siempre. Y eso... habrá sido todo.