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sábado, 8 de enero de 2011

P en NY

La música y la rabia están insoportablemente altas
y nadie oye tus gritos
a las cuatro de la madrugada
cuando la soledad burla tus escudos
y el amanecer es una posibilidad pero nunca una certeza,
tan sólo una teoría su socorro.
A esa hora todas las mujeres se te antojan tus rivales
y tú te vuelves enemigo de ti mismo.
Ellas piensan en encontrar un hombre que las satisfaga
pero el morse de sus párpados te transmite
el mensaje de que no eres lo que buscan.
Stop.

Tú piensas en cenas rodeado de sillas vacías,
¿me equivoco?
Piensas: modelos de lencería vestidas con pistolas
rifles de asalto, bombas de racimo
y en cómo debe hacerte sentir el que te quieran.

Tu cuerpo se entristece,
te cruza una nube sobre el pecho y te lo tapa.

Afuera, manadas salvajes de taxis
patrullan rodeando el edificio
al son espeluznante y zurdo de sus claxons
y acechan tu regreso a casa como un ejército de buitres.
Hoy,
como otros días,
amaneció con vocación de víspera de algo
pero antes de acabar la noche alguien cancela el
acontecimiento
y vuelves a dormir solo como sueles
abrazado simplemente a tus anhelos.
Un episodio piloto indigente y sin sentido
por el que ningún productor ejecutivo
otorgaría un programa a tu existencia.

Vives en una promesa eterna de mañanas y
hoy,
como otros días,
puede ser una inauguración fallida más
conforme te susurran los indicios y neones.
Lloran las tijeras
en la mano del alcade de tu cama.

viernes, 2 de enero de 2009

Crisálida

Ojalá pudiera atraparte el olor a incienso
que flota en Sevilla al mediodía
cerca de la Iglesia del Salvador.
Llena los pulmones con
el olor de mi infancia,
de las Navidades de verdad.
Semana Santa. Las manos de mis abuelos.
Las de Heriberto llevándome de vuelta a casa.
Sevilla huele cada mañana a incienso.
A frío relativo
y a todo lo demás.
Ojalá lo supieras.

Año nuevo...

Si observas que me pierdo
en la vorágine de decisiones
alcánzame una cuerda, un gancho,
cualquier cosa a la que sujetarme,
un clavo ardiendo,
un témpano de hielo...
Lo que sea.
Si ves que vago en el remolino
y no alcanzo a volver a mi hora,
que me he perdido,
enciende todos los carteles
que encuentres a tu paso.
Aunque sean neones de esos
que anuncian hamburguesas.
Da igual.
Las luces de la ciudad
de cualquier modo
ocultan las estrellas
y hay una bocina invadiendo de rojo
el interior de mi cabeza.
Antes de perderme en la nueva etapa
dame, ¿querrás?
tu mano.
Bien. Agárrame fuerte,
te asciendo a camino de vuelta.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Apareces de repente
a contraluz te veo
no te anuncias y juegas con el claroscuro.
Te veo turbia;
luego aclaras
para volver a sumirte en las sombras.
Como en un batir de alas todo es negro
donde antes alumbrabas.
Mis latidos pierden ritmo
y ganan en impaciencia y en desasosiego.
Quiero encontrarte aunque
no sé bien dónde buscar.
Te necesito ahí. Te necesito y te quiero,
porque cuando estás tú
no hay mascaras.
Ya no.
Sólo verdad desnuda.
Desnuda mi alma también.
Desnuda y entregada.
Entregada y virginal.
Inocente.
Me llevas más tiempo del que
en un principio reservé como tuyo.
Tus diabluras con la luz persisten porque
tienes tu propio acuerdo con lo halógeno.
Pero tu oscuridad y tu no oscuridad
traen, al final, las dos el mismo frío.
Juguemos a jurar que hemos jugado
y mientras el respetable se traga esta mentira
yo me lavaré, a oscuras, las manos
y me pondré las gafas negras de no verte.
Las de perjurar hasta el infierno si es preciso
prometiendo que lo que hay es vino
dónde sólo hay sangre.
Diré que no te siento como hago
en cada batir de mis cínicas pestañas
que fui yo quien puso nombre a las palomas,
que no te moldeo con cada sonido urbano.
Juguemos a jurar que no te amo.
Los mandamientos de Dios están perdidos
se resquebrajó la piedra en que vinieron.
Dios no le puso limites al hombre,
tú haces papel y tinta con sus sueños.
Juguemos, digo, a jurar que hemos jugado,
que no eres tu quien da forma a mi espina.
Me das tanto miedo que a veces
sólo quiero renegar de ti, poesía.

martes, 25 de noviembre de 2008

En las noches más solitarias hasta el destello de un arma de fuego al dispararse puede confundirse con un relámpago de bienvenida.

Yo no tengo miedo a la soledad, no tanto como para equivocar
una masacre con el comienzo de unos fuegos artificiales. Hoy.

Yo me sacudo y tiemblo, me baño en mi rabia. La pruebo. No tengo miedo
a la hora de admitir el mal del que soy capaz. A la hora de aceptar nuestro aislamiento.

No intento aparentar ser más humano de lo que soy, sentir más que lo que siento.

No reniego del daño que he hecho, fui consciente
todo el tiempo. Quizá sólo estoy sembrando un campo con desmanes
desfiando al karma acumulando poco a poco tempestades en mi contra.

Y algún día éste venga a cobrarse todo el dolor que repartí, que no supe digerir
y me lo devuelva en un enorme estallido de sangre y entonces sí
busque mi luz entre la noche, una mujer esperandome en un vestido largo y brillante
con la promesa envuelta de hacerme sentir un ser vivo de nuevo. Mañana.

Hay muchos tipos de Apocalipsis para acabar con un sólo mundo y quizá yo sólo
estoy sentando las bases de mi propio cataclismo.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Lo humano de estas fiestas

El alumbrado de las calles dice
que la Navidad ha muerto.
Lo anuncia temprano,
principios de Noviembre.
Se jactan de su fallecimiento los macarrones
(pequeños tirabuzones de luces).
Ocultan su cadáver sopas de letras
con palabras que adolecen
una lejanía alarmante de las tradiciones.
Diciembre lo decoran corazones y estrellas
tendidas de farola a farola
por encima de los coches.
Por unos días son hermanas
de los letreros de las tiendas
que quieren suplantar la Navidad
con nosequé descuentos, nosequé ofertas.
La Navidad no puede empezar en Noviembre.
La Navidad ya nunca empieza.
Pero... ¿en Noviembre?
Jesucristo nace muerto
cada veinticinco de Diciembre.
Es un feto que no llora, no respira
y a nadie le importa.
No mientras el pavo anglicano cope la mesa,
no si los niños abren sus regalos
con sus ojitos iluminados al pie de la chimenea.
Deslumbrados de codicia.
Las luces llevan ya un mes puestas
a diez del once de dos mil siete.
No me dicen nada.
La Navidad no es de su época.
Su brillo parte el vaho.
Modernismo amnésico sobre las aceras.

martes, 11 de noviembre de 2008

No quiero que nadie me quiera. Prefiero que nadie me quiera.
No hasta que esté preparado para querer. Hasta que esté preparado y sepa
cómo soportarlo.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Soldadura

Tu boca no deja lugar a dudas;

quiere que me marche

como me lo dicen tus manos, tus hombros,

todo tu cuerpo.

Tus ojos no. Tus ojos son débiles,

te traicionan. Me piden que me quede.

No puedo ver ni oir tu corazón

saber si también teme a la soledad tanto

que no importe el daño que te he hecho.



"Cuando dos sólidos se sueldan entre sí pasan a actuar como un solo cuerpo. A este enlace se le conoce como soldadura y es una unión particularmente difícil de romper, una vez constituida"

martes, 30 de septiembre de 2008

Anticuerpos

Tengo una boca urgente
recluida aquí conmigo en casa
loca por salir a desgarrarte.
Tengo unas manos aquí
salvajes
que añoran nadar entre tus carnes y tus aguas
rebuscando en tus secretos
que quieren arañar tus muslos con sus uñas
y volver a conocer tus recovecos.

Tengo las alas empaquetadas
esperando para poder volver a separarse
abrirse al aire, sentir la polución en las partículas
teñirse entre el humo de las calles.
Quieren espiarte desde lejos, mientras andas.

Tengo una conciencia corrupta, acuchillada
que lleva semanas en la cama, entre fiebres
aferrándose a una borrosa imagen tuya
que se reta a conservar entre delirios
y fantasías de tu lengua retorcida
empapando las toallas que me envuelven en la frente.

Tengo un virus guardándome la puerta
unas toses sólidas que hacen relevos con mis llaves
y yo sólo puedo pensar en levantarme
escapar de esta prisión de gérmenes malencarados
y ponerme cualquier cosa para
salir a buscarte aunque sea entre estertores
llegar a tu calle, tambaleándome hasta tu cancela
y que tú me lleves contigo, adentro
veas lo que llevo
y me lo quites. Cumpliéndose los flashes
que me mantienen cuerdo ente mis convulsiones.
Tan sólo (con eso basta) deseándote.

martes, 2 de septiembre de 2008

Imposibles

Lámparas de araña crecen
entre la tierra mojada.
Se erigen desafiantes
orgullosamente descaradas
alrededor del fango y la podredumbre
y esqueletos de antiguas pasiones
tan de otra época.
Liberan el olor del fracaso a la atmósfera
de la muerte de la edad antigua, media
moderna y contemporánea de golpe.
Su musgo de la muerte, el que lo cubre,
atenaza lo que quiero y no es para mi.
El arte.
El arte que tienen otros
con el poder de inundarme por entre las fisuras
del rostro.
Por entre las arrugas, los dobleces,
los poros de la piel.
Alumbran las imágenes que quiero
que quisiera parir yo.
El arte no ha muerto para mi.
Nunca nació para mi.

Metamorfosis

Es algo decididamente fascinante
el mirarte cuando dejas de ser tú
para dar paso a la otra
esa cuya piel huele a champú
por cada uno de sus poros
porque se ha duchado
en vano
hace unas horas.
Tanto como para querer dejar de hacer
lo que estoy haciendo y sólo
ver cómo te retuerces, cómo te transformas
en esa, en ti, en ella
la que se aparece con los ojos entrecerrados
y su boca de puñal entreabierta.

lunes, 23 de junio de 2008

Golpe tras golpe

Es un cierto deje masoquista
casi vicioso
pone una sonrisa estupida en mi cara
antes de recibir la siguiente bofetada.
Y me gusta. Me gusta. Qué curioso.

sábado, 14 de junio de 2008

Estalagmitas de verde te despuntan
donde zigzaguean los viajes
y los espíritus bailan sobre las cruces.
Noches de sobreestimado rosa
conducen a la fría soledad del día.
Fría como la quietud de tus aguas.
Al liberarme de ellas
añoré el beso húmedo de una mujer
a la que aún no he puesto cara.
Bailas a tu ritmo,
Popcorfú,
sin importar la década.
Ella dijo que hay amores que matan.
Yo digo
que hay pasillos que se hacen más largos que otros.
Sobre todo aquellos de paredes blancas
que recorren en vertical mares de luces.
Esos que visito tras verla.
En el tiempo que se tarda en recorrerlos
pasa entera una historia de amor por la cabeza.

miércoles, 4 de junio de 2008

Te desnudas lentamente al otro lado
y yo contemplo casi retorciéndome
tu figura recortada
por el ojo de la cerradura.
¡Estás tan provocativamente cerca
refugiada descaradamente
tras madera!
Malditas puertas que al cerrarse
suenan a signo de interrogación
y a punto y final de las historias.
Da igual lo fuerte que llueva. Es lo mismo.
Sigo oyendo tus gritos a veces.
Otras tu voz. Tus susurros.
Por entre cada gota que cae en el mirador.
No lo tapa la mayor tormenta. No
lo cubre algún trueno que otro
de esos que a veces rompen el cielo de Madrid.
Tú ya no los oyes, estás lejos. Se ha quedado tu voz.
Las compañías aéreas no negocian con voces
ni recuerdos. No entra en el precio.
Cosas de ahorro y política de billetes.
No sabría decir
si les guardo rencor. Pero el hecho es que aquí sigues.
A veces en forma de risa. Otras… no.

lunes, 19 de mayo de 2008

Entre "aquí" y "allí"

Me he despertado en el asiento de atrás,
a tu lado, y me has sonreído.
Es la primera vez que te veo en mi vida
y siento que ya te conozco. De algún modo.
Una ciudad aparentemente desierta
susurra una extraña calma tras los cristales.
Siento que es una ciudad herida, en guerra,
un lugar peligroso. Pero sigues sonriendo.
Como el taxista te sonríe desde el retrovisor
conduciendo por calles en silencio hechas a medida.
Me doy cuenta que das sentido a este mundo,
que a tu alrededor cobra forma.
Sin ti no sería como es, sería otro.
Este mundo es tuyo. Esta ciudad creció para ti,
aún antes de que nacieras.
Es mi sueño pero el escenario es tuyo.
Eres la razón por la que siento la calma en el peligro,
por la que no me asusta la guerra.
Me has traído a tu lado de la metáfora,
al reino de tus avenidas.
Sin ti, un cataclismo y luego nada.
La tierra desierta. El cielo desierto. Nada.
Es porque tú vas en este taxi
que el Sol está en cada tejado de cada edificio
bañándolos de naranja.
Siempre en el mismo lugar de la ventana.

jueves, 24 de abril de 2008

Génesis

Dios dijo:
“Que comience la vida que he creado.”
El Sol despertó y empezó
a intercalar la noche y el día.
Las nubes jugaron su juego
de caprichosas figuras.
La hierba reverdeció en torno
al agua pura que corría.
Los abedules fueron.
Y los seres humanos tiraron zancadas.
Lo colonizaron todo
creyéndose colonos de sí mismos
como si “dentro” y “fuera” de ellos
les perteneciera en algún modo.
Los seres humanos respiraron su aire.
Los seres humanos le pusieron nombre a las cosas.
Dios dijo:
“Que comience la vida que he creado.”
Y luego no dijo nada más
en absoluto.

lunes, 14 de abril de 2008

Me confundes.
Como cuando alguien dice "hola"o "adiós"
en italiano.
Nunca sé si entras o sales.