jueves, 17 de marzo de 2011

La relación más auténtica que he tenido

Te faltaré al respeto desde la distancia. Al confortable amparo de las sombras que se proyectan en mi cuarto cuando me siento a oscuras frente al portátil. Prescindiré de fórmulas sociales, de tratamientos deferentes, sólo porque no tengo obligación de encontrarte frente a frente. Seré cobarde con la excusa de no tener la oportunidad de ser valiente. No levantaré la mano para significarme, al contrario, me las frotaré debajo de la mesa, donde no hay testigos. Hablaremos de cachorrillos inocentes por el chat de alguna red social, fingiré que me interesa de alguna manera cualquier cosa que te guste, tus hobbies tontos, aunque no sea cierto. Me ganaré tu confianza, preguntaré cuáles son tus prácticas sexuales preferentes, hasta donde has llegado con un tío
Con el tiempo, acabaré haciéndome una foto semidesnudo en el espejo del cuarto de baño y te la enviaré. El mensaje irá acompañado de un “xD” para fingir que es una broma y así rebajar un poco la tensión. Al pulsar la x y la d y la tecla de mayúsculas estaré acuchillando tres veces cualquier resto de dignidad que atesorara y alguien borrará mi nombre de la lista de admisión del Cielo. Esta noche que durará toda la eternidad, me quedaré fuera del garito. San Pedro fingirá que Dios se lo ordena por un pinganillo desde la zona VIP.
Automáticamente podremos decir que somos novios y a ti ya no te resultará tan raro quitarte la ropa para mí con la webcam encendida porque ya compartiremos una intimidad creada a base de emoticonos que pretendan resumir nuestras emociones.
Les hablarás de mí a tus padres, a tus amigas. Todos te recomendarán que te andes con cuidado, recelarán, se ven muchas cosas preocupantes últimamente en las noticias.
Internet, ese milagro, nos permitirá habitar en la ilusión de que nuestra existencia es un poco menos vacía y creeremos conocernos. Compartiremos inagotables horas expresándonos por medio de un teclado. Casi todo lo que nos digamos estará en más o menos relacionado con el sexo.
Nunca quedaré contigo, ni siquiera oiré el timbre de tu voz al otro lado del teléfono. No tengo intención de pasear contigo por ninguna parte, no quiero que me aburras con tus miedos e ilusiones, tus cosas de niña, de chica, de mujer, de anciana.
Sin embargo, estoy preparado para intentar enamorarme de los pixels que te representan en pantalla. O por lo menos pretenderlo.

martes, 15 de marzo de 2011

Mi vida en prosa*

*Inteligente símil a cuento de la célebre frase "Mi vida en verso"

Últimamente siempre tengo algún destrozo en la cara, heridas terribles de rascarme. Es porque siento la necesidad de tocarme y las pajas me dejan triste y solitario.

Claro que es posible que un hombre y una mujer compartan una amistad y nada más. Yo mismo tengo amigas, amigas de verdad, con las que mantengo una relación estrecha y con las que nunca pasa nada inapropiado. Siempre lo digo: son mis amigas y nunca tendría nada con ellas. Hay muchas razones para esto. La primera y más importante es que ellas no quieren liarse conmigo, luego vienen todas las demás.

Una encuesta rápida: en una escala del 9 al 10 (siendo 9 "mucho muchísimo" y 10 "ya te vale, tío") ¿cuánto creeís que estoy encantado de haberme conocido?

Catástrofes Impopulares

El mundo es un lugar azul, verde e injusto. Desde el espacio sólo se ven el verde y el azul, a ras de acera es cuando uno cae en lo de injusto.
¿Por qué la gente detesta a los japoneses? ¿Qué ofensa han podido perpetrar contra la raza humana más allá de utilizar muchas palabras para decir frases cortas y de que siempre parece que estén enfadados cuando hablan? ¿Es porque como tienen los ojos pequeños nunca se sabe si te miran cuando se dirigen a ti y eso crea desconfianza? No creo, porque eso pasa con todos los asiáticos. ¿Es porque sus mujeres no se afeitan las axilas y se enorgullecen de frondosas regiones púbicas? Entonces deberíamos también censurar a las alemanas. Aunque, bien pensado, se censuran ellas solas, no hay más que verlas.
¿Por qué, oh, por qué, estamos fallándole al orgulloso pueblo japonés? ¿No fue suficiente todo aquel escarnio, esa vergüenza, de saber que el heredero del Emperador era impotente, su mujer estaba deprimida hasta el extremo y ese cruel rumor de que el propio Emperador había tenido que tomar cartas en el asunto y fecundar a su nuera para que ésta pudiera alumbrar a su hijo-nieto, que un día debería sentarse en el trono del Imperio del Sol Naciente? ¿No fue eso suficiente acaso? ¿No es cómo para hacerse el jodido hara-kiri? Y ni por esas sentimos compasión, ni cuando tan fácil nos lo pone Mamá Naturaleza o, como dirían ellos, ¡Jaaaa- Naturaleza- Sama!
Hace un par de años un Tsunami de nada borró un trozo de costa del Sudeste Asiático y en cada región del globo modelos, actrices, cantantes y funambulistas del Circo del Sol se rasgaban las vestiduras y se pasaban las manos por la cara. Las lágrimas borraron el maquillaje de Max Factor de toda una generación de celebritites.
Aquí, El Canto del Loco hizo una canción. Sí, aquella de “… vuelve a contarme el cuento donde acaba bien… Despiértame…” y no sé qué más. Bueno, en realidad me la sé entera. Qué le voy a hacer, soy fan, y Dani es súper súper guapo.
Y fue sólo un Tsunami, ni siquiera se vio un combo como el de esta semana: terremoto 8.9 + Tsunami. Dos palomitas grandes + dos refrescos grandes = más caro que la entrada del cine.
En Haití: un terremoto. Y venga canciones en todos los idiomas, y venga galas benéficas. En Hollywood, en Madrid, en el pueblo de Manolete. Llame a este número y realice su donación para esa pobre gente.
¿Es porque son negros? ¿Discriminación positiva? ¿Es mejor ser negro que japonés, de cara a recibir caridad y que te hagan un hueco en el Sábado de la televisión pública? Si alguna vez veo que tiembla la tierra y el mar se encabrita y rebela, ¿debería pedir volverme negro antes que rezar por salvarme? Puede que sólo deba correr hacia Benidorm , quizá el problema es que para irte al infierno, el Apocalipsis debe cogerte en una región turística si quieres que te hagan caso. Si el planeta te manda a tomar por culo rodeado de camisetas que dicen “Alguien que me quiere me ha traído esto de…” tienes más papeletas de despertar simpatías.
¿O es porque cuándo el mar se tragó aquellas playas, mientras ellos nadaban entre escombros nosotros nadábamos en pasta y no sentíamos predispuestos a sentir pena por aquellos pigmeos?
Con todo lo que nos ha dado Japón: ¿qué sería de las niñas pijas sin el sushi? ¿Qué comerían mientras cotillean, tortillitas de camarones, boquerones a la plancha? Tieblan dentro de sus pijamitas de seda tan sólo de pensarlo. Los samuráis, Toyota, Mitsubishi, los kimonos y katanas, Son Goku, Doraemon, Pokemon, los palillos que me hacen quedar como un idiota cada vez que en un restaurante pido que me los cambien por un tenedor… nos han dado tanto. Por no hablar del magnífico manga erótico, todas esas colegialas de pechos masivos, gimiendo por entregas- en el siguiente capitulo, orgía entre la de las coletas de dos metros, Godzilla y el demonio Orishikawa, bajo la atenta mirada de un gato-murciélago que habla y también gime mientras se toca…
Nadie canta, nadie baila, nadie pide que llamen al 082-955-AYUDA A LOS JAPOS.
Benditos bajitos de color ocre claro, os merecéis por lo menos una gala de José Luis Moreno.
¡Banzai!

sábado, 5 de marzo de 2011

Cuando fumas un pitillo apagado sabe a menta light, esto es, sin azúcar.
No puedes creer a la vez en Dios y en el coma, tienes que elegir.
Solo para que lo sepas. A esta puta mierda invita la casa, y que viva la pepa.

viernes, 4 de marzo de 2011

La generación de la que no soy parte

Me llamarán borracho, me llamarán hijo de la droga.
Pero la verdad es que me sientan mal los porros y no bebo tanto como se podría pensar o como mis amigos.
Suele llegar un punto de la noche en el cual me falta el valor o el dinero.
Prometo mejorar. Beber más, por lo menos.
Me dicen que escribo bien y yo lo agradezco y sonrío.
Lo hago de manera sincera, porque me siento halagado, al menos durante unos segundos.
Pero, por dentro, donde nadie puede verlo, en mi territorio secreto, debajo de la cama donde me tumbo a oscuras junto a mis montruos de siempre, lloro.
Lloro porque ahí no tengo necesidad de mentirme ni mentirlos. Ni la capacidad, no sé cómo hacerlo.
Conozco gente ahí fuera- de palabra casual y de vista, de hola y adiós, con los que hablo del tiempo mientras el ascensor sube del 0 al 5, algunos de oídas o por alusiones- que están haciendo más que yo y lo están haciendo mejor. Que están viviendo la vida que yo le pedí a Papá Noel cuando cumplí 15 años.
Alguno de ellos es más joven que yo, aunque eso no importe- que sí importa-.
Lloro porque sé la verdad, que va de la mano conmigo y que se acuesta y se levanta a mi lado y no encuentro razón que me convezca de ignorarla, olvidarla, maquillarla, fingir, rechazarla, negarla...
Escribo lo suficientemente bien para saber que no es suficiente.

jueves, 3 de marzo de 2011

¿Para qué seguir alimentando

esperanzas extranjeras que no contemplas en tus planes,

que no son bienvenidas?

Pasé una vida que era mía

y otras dos que compré a crédito

queriendo descifrar una sonrisa

entre los huecos que te quedaban en la boca

cada vez que la entreabrías.

Una posible invitación en clave de Do

a un baile de máscaras

donde al final te retiraras la careta

y a mí me mudaras la piel a dentelladas

hasta despojarnos de todo envoltorio

que llevara firma del pasado

para poder empezar a moldearnos desde cero

tú a mí como prefieras

yo a tí exacta a como eras antes

es decir, perfecta,

y comenzar un mundo paralelo y vírgen

lejos de todos estos fósiles

que no saben lo que es arrancarse las uñas

arañándose la piel para escribir sobre ella tu nombre.

Que no saben del amor

que muda cuando falta mimo

a cáncer.

Todo eso esperé y no fue fácil.

No.

Ni lo fue hacer guardia en la estación

velando la salida de cada tren

de cada autobús

anhelando que hubieras comprendido al fin

que era la hora de fugarse al centro de la Tierra.

Y me dije: ¿para qué?

¿Para qué seguir regando en vano tu vientre,

con mis lágrimas de cocodrilo?

Si yo no supe nunca llorar como un hombre

ni como lo haría una mujer o un niño

y nunca crecerá nada sobre ti

de todos modos,

porque tu hálito maldito consume o envenena

todo el aire y el oxígeno que te rodea

incluida sea la superficie

de tu piel mortal y muerta.

¿Para qué si solamente lloro

porque yo me empeño en transformarte

en gotas de agua calientes y saladas,

porque dice la televisión

que es lo que me falta para ser humano

y que alguien venga a rescatarme

y ya no tenga que recorrer más pasillos solo?

Lo que intento decir

es que te quiero porque tengo miedo,

pero nada más.

Porque se me han acabado las opciones.

Porque me aplico en la obsesión

como una niña de doce años

prisionera de un embarazo psicológico

clara y físicamente imposible.

Algo así de retorcido y enfermo.

Pero... ¿para qué?

Si tú no custodias ninguna respuesta.

Si en tu injusta complaciencia

cuando te trato de cubrir de luces

extiendes el manto opaco de la noche

y finges no saber quién se comió el Sol

para vomitar la Luna.

Tú,

que inventaste la definición de limosna

y que cada vez que propongo propones de vuelta

un espejo deformado donde puedo imaginar

escenas que no están ocurriendo

que huelen azufre y suenan a llamas

donde soy feliz y que sirven

para distraerme mientras te subes al taxi y huyes.

Vete, yo me haré primero pequeño

y luego diminuto

para poder entrar a formar parte del reflejo.

¿Y sabes todo esto,

para qué?

Si no lo sabes, los sospechas:

para nada.

Cuando acabes conmigo finalmente

no quedará nada de ti en mi ya

ni en ninguna otra parte.

Serás poco menos que un recuerdo

o puede que ni tan siquiera

porque para que te recuerden

deberán querer pensar en ti

traerte de vuelta

pero ya no quedará ninguno

y ninguno será capaz de desentrañar

el laberinto de la memoria.

No quedarán restos que guíen tu búsqueda.

No te encontrarán en un descampado

ni en los márgenes del río ni en el fondo de los pozos.

Ni en el maletero de algún coche

abandonado cerca de un bar de carretera.

Tu reino ya no será de este mundo

y te arrepentirás de no haberte compartido

de no haber trascendido el ámbar de tu carcasa

para haberte dejado un poco más de lo que fuiste

escondido dentro de alguno de aquellos

que en cierta ocasión, no hace tanto,

te amaron.

A modo de copia de seguridad de tu alma

ahora de existencia ya dudosa

si acaso un rumor que se difumina y se pierde

entre patios y callejones,

un canción de verano

de hace mucho tiempo.

Con lo que yo he sido

Las tetas son mi punto débil y quizá no debería escribirlo así, públicamente, porque podría leerlo mi archienemigo el Dr. Destrucción y utilizarlo en mi contra. Pero… hablar de ellas me relaja. De las tetas, digo. O antes lo hacía. Antes. Ahora, en cambio...
Me parece necesario detenerme en el concepto de debilidad que he planteado; es decir, por un lado las tetas siempre han producido un efecto, digamos, sensorial muy poderoso sobre mí. Vamos, que me ponen mucho.
Sin embargo, últimamente esa excitación se ha ido tornando en una especie de respeto con tintes de pánico. Ahora, cuando veo unos grandes pechos, turgentes y generosos, lo primero que siento, mucho antes de que me inunde el deseo, es un miedo irracional y paralizante. Me encuentro indefenso y un instinto de supervivencia primitivo y antes reprimido me empuja a esconderme debajo de una mesa. Y, por primera vez en mi vida, no siento el impulso de clavar mis ojos en cada poro de su superficie curva hasta formarme un perfecto mapa mental de ellas si no todo lo contrario: quiero apartar la vista, olvidar que nunca supe de ellas, pensar en otra cosa, en ancianas desnudas o en ajedrez o en ancianas desnudas jugando al ajedrez. Lo que sea.
Mi cuerpo me traiciona y, en contra de lo que dicta la lógica de la naturaleza, mis órganos no responden, no se expanden como deberían. Al revés, ese temor que me domina hace funcionar mi maquinaria en régimen inverso y mi pene en vez de crecer se encoge hasta alcanzar el tamaño de mis testículos, que también están contraídos, y por un momento temo que vayan a esconderse dentro de mi cuerpo de todo lo que se reducen. Y sé que, una vez desaparezcan, nunca más volverán porque allá dentro se sentirán más calientes y seguros y podrán olvidar el miedo a volver a enfrentarse a una talla 90, una 95, una 100 o, Dios no lo quiera, una 110 o más.
Así que me quedo blanco- ¿más blanco? Aún más blanco- e intento controlar mis temblores y mis lágrimas hasta que esos dos fetiches del deseo, antes representantes y recipientes de mis más oscuras y secretas pulsiones, desaparecen de mi vista. Hasta que deja de chillar mi sentido arácnido y la alarma de mi radar de peligro se calma.
¿Qué va a ser de mí? ¡Oh, decidme! ¿Qué, si siento más espanto cuando me apunta un pezón que cuando me apunta un arma de fuego?

miércoles, 2 de marzo de 2011

Apunte para un futuro diálogo o Me aburro 2

¿A ti no te habían partido el corazón?
Sí, pero ya está curado. Puedes venir a rompérmelo otra vez cuando tú quieras.

Me aburro

¿Cuánto puede quedar? ¿Te sientes afortunado hoy, crees que acertarás? Vamos, di una fecha.

¿Cuánto hasta que ya no valgan las promesas, las mentiras que te cuentas antes de apagar las luces? Puedes seguir engañándote un tiempo pero también has de saber que dejarás de ser útil, cuando ya no tengas información con la que negociar, cuando ya no tengas nada que decir, cuando tu piel comience a plegarse. Y lo hará. ¿Cuánto hasta que se acabe el cuero? Tus pastillas rojas y amarillas no durarán para siempre y en algún momento no muy lejano tus dedos puede que dejen de simular la forma de una pistola para pasar a empuñar finalmente una. La gravedad atrae a la materia con una aceleración de 9,81 m/s² aproximadamente y, amigo, eso impresiona mucho cuando es tu cuerpo el que baja desde arriba hasta abajo. El trayecto desde A- siendo A el alfeizar o la cornisa- hasta B- el suelo- esta vez es mortal y pensárselo dos veces puede que en esta ocasión se te antoje un tano escaso. Porque es todo un viaje y no todos están preparados.

¿Tú qué dices? ¿Quieres salir en los periódicos? ¿Cuánto pasará desde que la gente empiece a indagar en tu historia hasta que se olviden? ¿Cuánto hasta que Christian Bale haga de ti en una película porque Brad Pitt tenía problemas de agenda?

martes, 1 de marzo de 2011

Mucho tiempo solo y se te jode la cabeza

He empezado a escribirte una poesía
sí,
como lo oyes,
y me he peleado durante algún tiempo
con las palabras y las imágenes.
Sabía más o menos
qué quería decirte y cómo
pero de pronto lo he olvidado
y he pensado ¿para qué?
Si de todos modos no la quiero...